jueves, 13 de junio de 2019

Ella no quiere ser rescatada.


Tan solo mil y un infiernos fueron lo que le costó al noble jinete llegar hasta las más remotas y hostiles tierras en que se hallaba apresada la maja doncella. Cabalgaba incansable como si su vida dependiera de la liberación de su majestad. Iba acompañado de su casi impenetrable armadura, compuesta por las más resistentes piezas metálicas que el hombre ha descubierto jamás junto a su infaltable yelmo; su leal e imponente corcel de pelajes plateados que se había convertido en su mejor socio durante esta larga travesía; y, finalmente, su espada y escudo que significarían la coraza de hierro que protegería su vida ante cualquier adversario que pudiera atravesarse en su camino. Pero el caballero estaba dejando pasar por alto una cosa de suma importancia; ella no quiere ser rescatada.

Le tocó recorrer toda clase de escenarios. Desde los más áridos desiertos hasta las más frígidas nevadas. Cientos de miles de kilómetros después de su partida pudo divisar a lo lejos como el horizonte iba dibujando de arriba hacia abajo el castillo que por tantas semanas había estado buscando. Finalmente estaba frente a sus ojos pardos aquella colosal estructura en la que le aguardaban toda clase de peligros y terrores. Un lugar al que sabía que podía ingresar, pero que no existía garantía alguna de poder salir con vida. Un lugar lleno de desgracias para él, pero siendo la peor de todas, que ella no quiere ser rescatada.

El primer obstáculo serían los muchos fieles al malvado monarca culpable del secuestro de la princesa, quienes lo esperaban antes de llegar al puente que conduce a las enormes puertas del castillo. Estos devotos no tendrían ningún problema en sacrificar su vida defendiendo los propósitos e ideales de su señor, por más retorcidos que estos fueran. El perspicaz cabalgante era conocido en sus tierras de origen como el guerrero más habilidoso de la región, ningún otro hombre había sido capaz de darle la talla e implicar una verdadera amenaza para su racha invicta. Y este caso no fue la excepción. Uno a uno fueron cayendo los hombres del rey, la resistencia que oponían era casi nula y el próximo a llamarse héroe se dio un festín con su impecable exhibición. Sin embargo, ni aunque hubiese derrotado a un millón de hombres le habría valido para algo, pues ella no quiere ser rescatada.

Su armadura acabó con ciertas abolladuras, pero ningún golpe pudo llegar a su piel. Lo que le esperaba a continuación era seguramente la prueba más dura de todas; pues justo cuando se encontraba cruzando el puente antes mencionado, se dejó mostrar la temible bestia voladora que protegía aquella fortaleza. Se manifestó, pues, el formidable dragón quien de inmediato se dispuso a lanzar llamaradas en contra del hombre hidalgo, quien aún impactado por la presencia de aquél terrorífico monstruo cuya existencia creía irreal, pierde el equilibrio y cae pesadamente. El miembro de la familia de los équidos se dio un frenón poco ortodoxo, y orientó su trote en dirección contraria. Era un animal después de todo, y, espantado por el engendro capaz de expulsar fuego de su hocico, no lo pensó dos veces y abandonó el lugar, devolviéndose a su hogar. Quizá el jinete debía haber hecho lo mismo, ya que ella no quiere ser rescatada.

Irse sin la doncella no era una opción para el caballero, es más, era su motivación. El valiente se incorporó en guardia, y comenzó a agitar su espada de un lado hacia otro cada que el dragón sobrevolaba cerca de su humanidad, pudiéndolo herir levemente. Con su escudo pudo protegerse de varias llamaradas que se iban extinguiendo al estrellarse contra aquella defensa. Tales eran las temperaturas en que se desarrollaba este combate, que el invicto guerrero se vio obligado a retirarse su yelmo para evitar sofocarse. Fue en un momento dado que, en un acercamiento, el dragón rasguñó con sus afiladas garras la pierna derecha del caballero, quien no esperó a que su sangre se comenzara a derramar, sino que su reacción inmediata fue insertar la totalidad de su espada en el cuello de la bestia, atravesando su garganta. ¡Quién diría que tanta sangre pudo haberse evitado de haber sabido que ella no quería ser rescatada!

El ahora domador de dragones entró por fin al castillo, dejando atrás el cadáver del enorme reptil que eventualmente caería al abismo, motivo por el cual se tenía un puente. El caballero cojeaba, pero continuaba imperturbable con su misión. Se había llegado el momento de la verdad, el encuentro entre el guerrero herido y el malvado monarca. Tras un intenso intercambio de palabras e insultos, cuyos guiones se obviarán pues son más que evidentes, y no habiendo llegado a un arreglo, se retaron a una pelea a muerte. El turbio rey ya tenía una cierta edad, pero era un experto veterano de guerra. La dificultad para caminar del caballero equilibraba un poco la balanza. Uno de los dos hombres iba a morir esa noche. Lástima que sería en vano, pues a ella no le interesa ser rescatada.

Dicho y hecho, fue una batalla pareja. El caballero dificultosamente se movía, y esto era aprovechado por el viejo mandamás, quien lo logró herir en múltiples ocasiones. Y esta vez sí, horadaba la armadura que cada vez se tornaba más endeble. No obstante, el orgullo y la braveza del caballero se despertaron en el momento más oportuno y, sobreponiéndose al dolor provocado por sus lesiones, con mucho ahínco comenzó a dominar progresivamente el enfrentamiento hasta darle el golpe de gracia al rey, quien caería al suelo sin aliento y con la espada del caballero atravesada justo en su corazón. Es cuanto menos irónico que alguien derrote a la persona que te secuestró de la forma más despiadada y te mantuvo cruelmente cautiva durante tanto tiempo, y que, tras eso, no desees ser rescatada.

El ex jinete estaba exhausto, herido. No le quedaban más energías en sus extremidades inferiores, por lo que no le quedó más alternativa que arrastrar su pesado cuerpo. La princesa se encontraba en la última habitación, subiendo varias gradas. El malherido caballero fue retirándose a puras penas las partes de su armadura para disminuir el peso de su cuerpo. Comenzó a subir los escalones a gatas, dejando el rastro de sangre que era de esperar. El desgaste físico de aquél hombre era increíble, lo estaba dejando todo por una mujer que no conoce, que no la ha visto, sin saber si valió la pena todo su martirio, sin tener conocimiento si es su deseo ser liberada.

Llegó pues, a la alcoba en que era prisionera la princesa. Y la vio. Y ella lo vio. Y fue en ese sublime instante en que el caballero supo que era su destino sufrir mil tormentas para finalmente ver el sol en los ojos azulados de aquella hermosa mujer, cuya belleza lo cautivó casi de inmediato. Su escultural figura pasaba casi desapercibida, pues era opacada por tan angelical rostro. La princesa no sabía que, desde antes de pronunciar una palabra, el valiente hombre ya era suyo. Lo tenía rendido a sus pies, solamente tenía que decirlo. El caballero, aún sin decir palabra, se hincó ante la doncella y le extendió su mano, a lo que la bella dama respondió: “No quiero ser rescatada”.

El caballero quedó atónito, anonadado ante tal contestación. Tras unos segundos de silencio logró fijarse realmente en sus ojos apagados, tenía una mirada triste, desubicada… fue ahí que entendió que ya varios hombres habían intentado antes sacarla de esas cuatro paredes. Pero hacían trampa; intentaban hacer trueques con el ya fallecido rey, o intentaban escabullirse silenciosamente entre los pasadizos del castillo, tomando atajos sin que les haya costado un comino llegar hasta ahí. La princesa, sabe bien quién es, lo que vale y lo que merece. Sabe que harán cualquier cosa por sacarla de ese aislado sitio; desde lo más bajo y despreciable, hasta lo más honesto y con las mejores intenciones. Pero eso no le vale, porque ella no lo vio. Ella ya no confía ni en el hombre más caballeroso de la región. Ella es una princesa, pero no quiere ser tratada como tal a toda hora y en todo momento, ella quiere vivir aventuras como la del aún invicto caballero. Ella quiere primero conocer al hombre que en un futuro será su esposo, evaluar su compatibilidad, quizá ha creado en sí una gran expectativa, un alto nivel de selectividad, pero ella lo que realmente quiere es a un hombre que, ya conociéndolo, la logre rescatar… de ella misma. De las barreras que ella misma se ha construido para protegerse. Sólo el hombre que logre quebrantar esos esquemas sería digno de poseerla.

El caballero insistió, pero tarde comprendió que lo único que era capaz de ofrecerle a la princesa era un futuro ya construido, sin esfuerzo para ella, con todo servido. Ella es una princesa, pero no le gusta ser tratada como tal, ella quiere esforzarse en construir su propia vida al lado del hombre que amará. Pero ahora, no confía en nadie, ya que bien sabe que cualquier hombre que quiera rescatarla lo hará con la mentalidad de “ella es una princesa, vale millones”. Es un tremendo lío la doncella, encerrada en su propio mundo. Ella lo único que espera es que alguien la encuentre por equivocación, sin que sepa que pertenece a la nobleza. Y quizás así, tan sólo quizás, pueda considerarlo. Ella, pese a ser una mujer centrada, es un mar de inseguridades con respecto a relaciones amorosas. Y aún viendo que el caballero se encontraba malherido, dando la milla extra para estar frente a ella, notando en sus ojos todo el dolor que atravesó para sacarla de esa pocilga, e inclusive reconociendo que parece ser un hombre de buenas intenciones, tuvo miedo de aceptar su mano.

El caballero, no queriendo ser un fastidio, se retiró como lo que es, un caballero. Si bien es orgulloso, no guardaría ningún remordimiento. De la misma forma en que ingresó a aquella habitación, se retiró. La doncella se quedó sentada a la orilla de su lecho, y no fue sino hasta cinco minutos después, que reconsideró las cosas y dejó al fin aquél cuarto que fuera su cárcel durante varios meses, en búsqueda del caballero. Y sí, lo encontró, pero desgraciadamente se encontraba sin vida. Se había desangrado hasta perecer. La doncella, casi sin demostrar emociones, supo que, aunque le hubiese dado la mano, él hubiese muerto en el camino. O quizás no, quizás si lo hubiese ayudado a tiempo él seguiría con ella. Pero es algo que no sabrá nunca. La oportunidad pasó y ella tomó su decisión. Emulando lo que es la paradoja del gato de Schrödinger, la caja nunca se abrió, y no había forma de saber si el gato viviría o moriría. La princesa, teniendo despejado el camino, caminó con tranquilidad hacia la salida del castillo, y emprendiendo camino de regreso. Al final del día, ella fue rescatada, aunque no de la manera prevista, pues ella nunca quiso ser rescatada.       


               



domingo, 19 de mayo de 2019

A t r a p a d a


La rutina de la vida, esa monotonía que parecía inquebrantable hasta que un evento sumamente extraordinario e imponente pudo romper ese patrón. El dilema resulta en la propia naturaleza de ese evento, ya que no necesariamente tendrá que ser algo bueno. Plasmando lo anterior a la vida real; soy una secretaria, con un salario decente, trabajo nueve horas en un octavo piso de un edificio dedicado a la abogacía. Mi jefe, el licenciado Duarte, era un penalista con más de diez años de experiencia en esa rama. En general, todos los abogados que alquilaban una oficina en aquel edificio se dedicaban básicamente a la defensa de los derechos de aquellos quienes han incurrido, o se presume que han incurrido, en alguna transgresión a la ley.

La secuencia de mis actividades se resumía en: despertar, arreglarme, tomar un taxi, trabajar, tomar otro taxi y finalizar el día. La repetición de tales hábitos creó en mí una especie de automatismo que me había acostumbrado a vivir la vida sólo por vivirla, sin disfrutarla ni atesorar aquellos momentos que le dan sentido a la misma.

Ese día, y como cosa rara, el licenciado Duarte me permitió irme antes de mi hora habitual de salida. Al parecer, la carga de trabajo era ligera esa tarde. Mientras llamaba al ascensor, ya me había hecho una idea de lo mucho que iba a descansar el resto de ese día, sobre todo porque era viernes. Andaba feliz, no porque iba a viajar, salir con mi prometido, ir a alguna fiesta o alcoholizarme, sino porque iba a dormir a gusto. A ese nivel se había reducido mi felicidad. Cuando las puertas de elevador se deslizaron hacia los lados vi en su interior a un hombre; de gran tamaño, aspecto descuidado, con una mirada desubicada, llevaba una vestimenta casual y una barba desperfilada. Resaltaba su informalidad, ya que se diferenciaba enormemente del resto de los empleados del edificio, quienes siempre iban bien trajeados. Supuse que venía del doceavo piso, de la oficina del licenciado Echeverría, quien es bien conocido por llevar casos muy turbios (además de que corren ciertos rumores que indican que tiene uno que otro contacto en los juzgados penales).

Mi educación no pelea con nadie, así que ingresé al ascensor, pero no sin antes lanzar un “buenas tardes” acompañado de una leve sonrisa. El tipo únicamente asintió con la cabeza sin emitir palabra alguna. No me incomodó, he lidiado con personas realmente pesadas. De cualquier manera, siempre cargaba conmigo un gas pimienta y una pequeña navaja, por si acaso. Tras cerrarse las puertas, marqué en el tablero de elevador el primer nivel y éste de inmediato se puso en marcha. Fueron casi cuatro niveles de un completo silencio, cuando de repente, el ascensor se detuvo bruscamente, tanto que casi lograba derribarnos. Presioné el botón para que las puertas se abrieran, pero era inútil. El tablero no respondía… el elevador se había quedado atascado.

Mi reacción inicial fue golpear repetidamente aquella puerta metálica, gritando al mismo tiempo por ayuda. En ese momento tenía grandes esperanzas de que alguien en el exterior me escuchara y acudiera a mi rescate. No estaba nerviosa, pensé que era algo pasajero.

¡Qué suerte tenemos! — le dije con evidente sarcasmo a aquel tipo que hasta ese momento no se había inmutado en lo absoluto.     

Únicamente se me quedó viendo. De nuevo no obtuve ni una respuesta. Sin embargo, el tipo se acercó a la puerta, como pudo insertó sus enormes dedos en el espacio que separaba ambas puertas y con una increíble fuerza comenzó a abrir las puertas de a poco. Creí haber encontrado la solución a nuestro problema, pero nos topamos con que el elevador se había quedado atascado entre el tercer y el cuarto nivel. Al abrir las puertas, encontramos puro concreto. Fue en ese momento que comencé a sentir un escalofrío tan intenso, supe de inmediato que los golpes y gritos que había lanzado con anterioridad eran inaudibles. Estaba atrapada, al lado de un completo extraño. En un acto de desesperación comencé a gritar con todas mis fuerzas, pidiendo por ayuda. Grité, y grité demasiado al punto en que creí haberme desgarrado la voz. El tipo no hacía nada; sólo miraba hacia todos lados, como intentando localizar alguna salida de emergencia o algo parecido. No sé qué pasaba por su mente, pero no estaba tranquilo, podía notar el agobio en su mirada.

Tras una hora de dar gritos y de moverme como una hormiga encerrada dentro de un espacio reducido, decidí sentarme un rato y tranquilizarme. Sólo habían pasado sesenta minutos desde el atasco, no podía perder la compostura tan rápidamente. Me senté quedando de frente con el tipo, quien se había sentado hacía como cuarenta y cinco minutos sin decir palabra.

Pues… me llamo Jessica — dije nerviosamente.

El tipo levantó la cabeza, y clavó su mirada en mí.

¿Tú cómo te llamas? — pregunté.

Él seguía sin hablarme, tan sólo me veía fijamente.

Oye, tal parece que vamos a estar aquí un muy buen rato antes de que alguien venga por nosotros — le dije intentando convencerlo — Opino que el tiempo pasará más rápido si hablamos un poco, ¿no crees?

Uriel — respondió tras un par de segundos de espera, con un tono sumamente grave.

Un gusto, Uriel — le sonreí amablemente — ¿Trabajas aquí?

No

¿Viniste por asesoría? — pregunté.

Uriel de nuevo no me contestó. Yo sabía que estaba siendo insistente en querer mantener una plática con él, pero pensaba que era mejor gastar el tiempo en conocernos un poco, que en perder lentamente la cordura.

Supongo que vienes de la oficina del lic. Echeverría, ¿no? — pregunté de nuevo.

Eres muy social, ¿no es así? — me contra preguntó.

Bueno… me encanta conocer nuevas personas — exclamé.

Yo soy antisocial — respondió.

Me quedé callada. Cabizbaja, pero también comprendía que posiblemente estaba siendo muy pesada con ese interrogatorio. Yo soy una persona que habla, habla y habla, y seguramente llegué a irritar a una persona tímida e introvertida como él. Porque eso es lo que significa ser antisocial, ¿no?

Pasaron cinco minutos, hasta que recordé haber leído alguna vez la diferencia entre los términos asocial y antisocial. Asociales eran aquellas personas quienes se mostraban desinteresadas a interactuar y/o relacionarse con la sociedad. Mientras que las personas antisociales son aquellas que se oponen a la sociedad o al orden social, presentando incluso comportamientos violentos o transgresores. Y es que la tendencia actual o moderna cuando nos queremos referir a una persona tímida o introvertida, es asociarla erróneamente al término “antisocial”, cuando el término correcto debería ser “asocial”. Si él mismo me dijo que es antisocial, lo más seguro es que se está describiendo a sí mismo como un delincuente. Pero la pregunta era, ¿conocerá él la diferencia entre ambos términos? ¿Trató de decirme que es una persona tímida o que es un delincuente?

¿Eres un delincuente? — pregunté sin vergüenza.

El tipo levantó de nuevo la cabeza, me lanzó una mirada perdida, y al cabo de unos segundos sonrió perturbadoramente.

Echeverría es el mejor abogado al que puede acudir un tipo como yo — me respondió finalmente — El único que puede permitir que tipos que como yo andemos libres por la calle

¿Qué hiciste? — pregunté ingenuamente.

Tras un momento de suspenso Uriel respondió…

He robado, he golpeado, he roto huesos, he dejado paralíticos a algunos, a otros los he dejado en coma — dijo de una manera tan serena — Algunas veces por mi cuenta, otras veces por encargo

Lo dijo así, tan tranquilo, como si de cualquier otra cosa se tratase. Lo decía sin remordimientos, de una forma que parecía normalizar la situación. Como era de esperar, fue una respuesta que me impactó de sobremanera, mis ojos parecían salirse de sus cuencas y el sudor inmediatamente comenzó a brotar de mis poros. Mi respiración se agitó terriblemente. Mi corazón latía a mil por hora y parecía escaparse de mi ser en cualquier momento. Quedé momentáneamente paralizada, pero consciente de que fue una respuesta que yo misma me busqué por andar de curiosa.

Vine con Echeverría porque se me está acusando de violación y asesinato — continuó.

¿Y no es cierto? — alguien debía callarme.

Uriel no respondió, pero me noté con cierto desagrado que por momentos su mirada bajaba hacia mis piernas. Pésimo día para ir con falda. A partir de que escuché la palabra “violación” salir de su boca, sentía que me desnudaba con su mirada cada que sus ojos se iban hacia abajo. Sentía que estaba temblando, que me faltaba la respiración. Si pasaba algo, no sé si el gas pimiento lo iba a detener, puesto que era un tipo alto, corpulento, de brazos enormes, y ya había dado una demostración de su gran fuerza al abrir las puertas del elevador. Siendo realista, no tenía oportunidad contra él.

Eran atroces las cosas que me ponía a pensar. Como en una relación amorosa, yo sufría más por lo que pensaba que por lo que realmente sucedía. Hasta que, una hora después, me armé de valor (¿o de estupidez?) y rompí el silencio diciendo:

¿Me vas a matar? ¿A violar?

Uriel se me quedó viendo, frunciendo el ceño. Podría jurar que vi cómo levantó una ceja. Tanto él como yo sabíamos que estaba preguntando cosas fuera de lugar… O quizás no.

¡Háblame, dime algo! — le insistí.

Te contaré las historias de mis asesinatos…

Dicho y hecho, Uriel comenzó a comentarme con lujo de detalle las formas en que le quitaba la vida a las personas. Cada relato era más grotesco que el anterior. Yo ya no quería escuchar, no podía procesar o digerir lo que estaba escuchando. Me entró un asco y unas náuseas. Pero sabía por qué lo hacía, Uriel quería que estuviera callada. Que no preguntara idioteces. Sin hablar por un buen rato. Aún si eso implicara provocarme traumas. Su estrategia funcionó.

Pasaron cuatro horas más, y las cosas seguían iguales. Por momentos me levantaba a seguir gritando, pero todo era en vano. Estando allí adentro mi teléfono no tenía señal. Uriel únicamente se quedó sentado, de piernas cruzadas y con la cabeza hacia abajo. Aunque él creía que no me daba cuenta cuando me miraba. Ya que hablar no resultó bien, pensé en dormirme; en una siesta de un par de horas mientras alguien llegaba por nosotros. Pero no me iba arriesgar a eso, estando encerrada junto a un violador. Yo me armaba todas las historias en mi cabeza; si él intentaba hacerme algo, y yo me resistía, estaba muerta. Los delincuentes como él, son enfermos mentales, y por ello temía que en cualquier momento se le zafara un tornillo y me hiciera algo.

A la sexta hora fue el mayor susto; de un segundo a otro, Uriel se levantó finalmente. Llevó sus manos hacia su cinturón y se lo comenzó a desabrochar, luego hizo lo propio con su pantalón. El terror regresó en ese momento, comencé a pensar lo peor. Desesperadamente comencé a buscar el bendito gas pimienta, pero entre tanto sudor y adrenalina no lo encontraba. Me arrinconé, y mi mirada imploraba por piedad. Sin embargo, el tipo se volteó, fue hacia una esquina del elevador y comenzó a orinar. Al finalizar, se abrochó el pantalón y el cinturón de nuevo, y se volvió a sentar. Fue el momento de más tensión.

Comencé a llorar silenciosamente, me consumí en el miedo, estaba refundida en un martirio mental, sentía que estaba enloqueciendo. Estaba a la par de alguien que en cualquier momento me lo podía arrebatar todo, y yo estaba tan indefensa. Lloraba porque no entendía por qué me pasaban estas cosas a mí. ¿Cómo era posible que después de tantas horas nadie se haya dado cuenta de que el ascensor no estaba funcionando? Desesperadamente le mandé un mensaje de texto a mi prometido, pero éste no se mandaba. Había cero señal. Tenía muchísimo miedo, tenía hambre, tenía sueño, también tenía ganas de ir al baño, pero jamás iba hacer lo que hizo Uriel. Prefería aguantarme.

Estaba inconsolable, lloraba y lloraba, en posición fetal literalmente. Cerré los ojos por un momento, y al abrirlos ya no estaba llorando, mis mejillas estaban secas en su totalidad. Estaba aturdida y algo desorientada, pero seguía dentro de ese maldito elevador. Hasta que finalmente caí en la cuenta de que me había quedado dormida. Uriel seguía sentado en la misma posición.

¿Cuánto tiempo llevamos acá? — pregunté mientras bostezaba.

Dieciséis horas y veinte minutos — respondió.

No me podía creer que me había quedado dormida diez horas. Es decir, estaba cansada por el trabajo y por no haber comido, pero me parecía increíble haber dormido tantas horas en un lugar tan incómodo al lado de un asesino violador. Existía en mi mente la incógnita de si habrá visto por debajo de mi falda o si llegó a tocarme, pero eso no me importaba tanto. El punto es que no abusó de mí mientras dormía, pese a que prácticamente soy una presa fácil para un tipo como él. Esto ha sido un completo golpe de realidad para mí, de que tengo que estar preparada para todo. Aprender algún arte de defensa personal, o algo, pero me considero una mujer frágil ante tipos como ese. Alguna vez me enfrenté a un hombre que me estaba acosando en el metro, y la técnica del rodillazo a las partes nobles nunca falla. Pero éste era un hombre mucho más pequeño y delgado que este mastodonte. La vida no te enseña cómo pelear contra un gigante de esas dimensiones. Creo que ni siquiera un hombre de tamaño promedio sabría cómo enfrentarse a una mole como esa.

¿No tienes sueño? — pregunté.

No — sin dirigirme la mirada.

¿Por qué no haces nada para que podamos salir? — pregunté en un tono desafiante.

En ese preciso instante Uriel se me quedó viendo con cara de pocos amigos, intentando intimidarme, pero sin resultado alguno. Me había dado cuenta de que él no quería hacerme daño (de ser así, ya lo hubiera hecho). Tras unos segundos de silencio, respondió:

Echeverría no quiso tomar mi caso

¿Qué?

Cuando vengan por nosotros, será sólo para mandarme a prisión, ¿Qué diferencia tiene este lugar con la cárcel? En ambos me puedo pudrir hasta la muerte

En la cárcel puedes comer — mal momento para chistes, Jessica.

Mientras dormías, encontré debajo de la alfombra una salida — dijo seriamente, tras ese mal chiste que había hecho — Creo que puedes llegar hasta el tercer nivel, abrir la puerta y salvarte

De inmediato vi al suelo, y vi que Uriel había arrancado la alfombra que cubría la superficie del elevador, la cual estaba pegada con lo que parecía ser un fuerte pegamento industrial. Así que removí la alfombra, y en efecto, había una salida de emergencia. El espacio era suficiente para que ambos pudiéramos salir.

Cabemos los dos — le dije.

Tendríamos que bajar unos cuantos metros hasta llegar al tercer nivel, colgados de las poleas que detienen al ascensor — me explicó.

Podemos hacerlo — le dije entusiasmada con la idea.

Te puedo ayudar a escapar, pero yo no lo haré

Mira, trabajo para el lic. Duarte — le decía — Puedo hacer que él convenza al lic. Echeverría de tomar tu caso

¿Por qué debería confiar en ti? — dijo, después de dudarlo unos momentos.

Yo estoy confiando en ti en este plan de escape

Tras pensarlo demasiado, Uriel se levantó de su sitio y se acercó a la salida de emergencia. Me propuso que me colgara de su espalda. Sin pensarlo mucho, acepté. Era un plan muy arriesgado, puesto que, si Uriel caía, resbalaba o no aguanta su peso, íbamos a caer al vacío, casi cuatro niveles. Pero por alguna extraña yo confiaba en él, en que era lo suficientemente fuerte para resistir ese peso. Era un delincuente, así que tenía que saber sobre escapes. Uriel comenzó a descender lentamente por una de las poleas, cargándome. Notaba cómo era algo que le estaba costando, sus grandes dimensiones no le ayudaban. Comenzó a sudar a chorros y a gemir del agotamiento. En algún instante sentí que caería rendido, o que se deslizaría, pero no fue así. Tras un par de intensos minutos de gran esfuerzo físico, logró posicionarnos frente a la puerta del tercer nivel. Y con las pocas fuerzas que le restaban, logró abrir dichas puertas. Todo lo hacía parecer tan fácil.

Finalmente… estábamos en el suelo, sanos y salvos. No lo podía creer. Después de casi veinte horas atrapados, logramos salir de ese infierno claustrofóbico. Y fue todo gracias a Uriel, y a su gran capacidad física. Quién lo diría… que una persona con ese historial de delitos me haya ayudado a escapar y, posiblemente, salvar mi vida. No parecía que alguien fuese por nosotros, así que me parecía heroico lo que Uriel hizo. No lo eximía de sus pecados, por supuesto, pero no era tan mala persona después de todo. Era eso, o una variación del Síndrome de Estocolmo estaba haciendo efecto sobre mí…

No habían pasado ni dos minutos, cuando aproximadamente cuatro policías armados aparecieron justo enfrente de nosotros. Pronto comprendí que el mensaje que había mandado, sí les había llegado después de todo. Pero mi proceso de asimilar las cosas era demasiado lento, ya que en un abrir y cerrar de ojos, tenía el enorme brazo de Uriel rodeando mi cuello. Él, al ver a los agentes aproximarse, se colocó detrás de mí y me tomó como su rehén. Me comenzó a faltar aire casi al instante. Los policías no accionaban sus armas, únicamente le gritaban a Uriel que me soltara y que se colocara de rodillas en el suelo con las manos detrás de su cabeza.

¡Teníamos un trato, mujer! ¡Teníamos un trato! — me susurró desesperadamente.

Yo no podía responderle ya que él me estaba ahorcando, pero honestamente quería ayudarle. Quería persuadir a los policías y decirles que todo estaba bien. Decirles la verdad, que era un cliente que acudió al edificio buscando un abogado pero que por azares del destino se quedó encerrado conmigo. Su fuerza y desesperación no me permitían hacer nada. Se me comenzó a nublar la vista, entonces supe que tenía que reaccionar.

Con las pocas fuerzas que me quedaban, tomé la navaja que tenía guardada y se la clavé en el abdomen a Uriel. Él, teniendo la navaja insertada, de inmediato me soltó y yo caí pesadamente al suelo, casi sin aliento. Un endemoniado Uriel intentó abalanzarse sobre mí, pero cayó víctima de cinco disparos certeros. Todos en el torso. La resistencia de este hombre era monstruosa; había recibido cinco balazos y aún se mantenía de pie pese a que comenzó a perder mucha sangre.

¡Qué suerte tenemos! — fueron las últimas palabras de Uriel, antes de perder el equilibrio y mortalmente desplomarse de espaldas hacia el precipicio.  

Pasaron unos cuantos segundos después de que la humanidad de Uriel se estrelló pesadamente contra su propia muerte, hasta que los agentes de policía se acercaron a ayudarme y llevarme inmediatamente al hospital más cercano.

Fue así como se rompió la monotonía de las cosas, de mi vida. Un evento que en definitiva me marcó y que pudo haber acabado con mi vida. Sonará algo de risa, pero desde aquella experiencia, le tengo un intenso pavor a los elevadores, a los lugares cerrados. Y una de las ironías de mi vida, de mis anécdotas que pasarán a la historia, será aquella vez que un asesino me ayudó a vivir.  





jueves, 21 de febrero de 2019

EL SOL HA DESAPARECIDO . . .

10 minutos después de que el Sol desapareció:

Honestamente no sé qué está pasando… Mi día, o bueno, nuestro día, estaba avanzando como cualquier otro. Pero de un momento a otro, cayó la noche en pleno día. Sé que no tiene sentido, pero apenas eran las 10 de la mañana y todo se tornó oscuro. Como si alguien hubiese apagado el Sol, como si de un switch se tratara. Estábamos a oscuras, iluminados únicamente por la luz proveniente de la energía eléctrica. Se viven momentos de mucha confusión y pánico—    




45 minutos después de que el Sol desapareció:


Las redes sociales han explotado tras lo sucedido. Creí que era un fenómeno que afectaba sólo a algunos países, pero esto va más allá de cualquier frontera, esto es un evento global. Desde muchos lugares del mundo se reporta la misma noticia. Muchos expertos en el tema y páginas web de renombre han asegurado que el Sol se ha apagado repentinamente. Y no fue hace 45 minutos exactamente, fueron unos minutos antes, 8 minutos y 20 segundos para ser precisos… no nos enteramos puesto que la luz tarda ese tiempo en desplazarse desde el Sol a nuestro planeta.

No sé qué pensar… el fin está cerca, es lo que dicen muchos. Al principio, estaba demasiado impactado con lo sucedido que me costaba pensar las cosas con la claridad debida, pero… luego de meditarlo con más tranquilidad y objetividad, creo que es cierto. Si el Sol ha desaparecido de manera permanente, se estarían cumpliendo las circunstancias más adecuadas para acabar con la vida en la Tierra. Es decir, no habrá energía solar ni fotosíntesis, las temperaturas irían en descenso de forma progresiva. No sé cuánto tiempo podremos aguantar con nuestros propios recursos. La desaparición del Sol significa también la desaparición de nuestro único satélite natural, ya que la luz que se refleja es la mera proyección del Sol.

Lo que más me aterra leer, probablemente, es que no únicamente nos hemos quedado sin luz solar. El apagón del Sol no sólo nos arrebató la iluminación, sino también la fuerza gravitacional. Dicho en otras palabras, el planeta Tierra se ha salido de su órbita y ahora mismo se encuentra deambulando por el universo sin rumbo fijo, propenso a chocar o ser impactado por cualquier astro que se tope en el camino. El Sistema Solar se ha quedado sin Sol—




1 semana después de que el Sol desapareció:


He estado algo desaparecido, pero la vida en la Tierra ha cambiado radicalmente, ya no es la vida que conocíamos, y ahora sólo nos queda acostumbrarnos. Sinceramente, creí que moriríamos antes. No soy un experto en la materia, y la incertidumbre de lo que está por suceder me está carcomiendo cada minuto que pasa. Hemos sobrevivido a la ausencia del Sol gracias a la energía eléctrica, que ha sido la solución inmediata a nuestros problemas. Ya no hay días, desde hace una semana que todo el tiempo es de noche. Pueden ser las 8 a.m. y el planeta sigue sumergido en las tinieblas.

De acuerdo a nuestras fuentes de noticias, muchas plantas están desapareciendo debido a que no hay más fotosíntesis. El tema del oxígeno es algo que verdaderamente me preocupa, sin embargo, los portales de información nos han asegurado de que eso no es un problema de consideración ahora mismo, la reserva de oxígeno de la atmósfera es demasiado masiva. De hecho, muchas personas, de esas que no se cortan ni un pelo a la hora de hablar, dicen que el día en que el oxígeno se acabe, nosotros ya estaremos muertos.

Las temperaturas han bajado considerablemente, no ha sido de forma inmediata, pero sí de forma intensa. Actualmente nos encontramos a 0°C., a punto de congelarnos… sólo exagero (de momento), muchos países batallan con esta clase de temperaturas todos los días y no pasa nada. La diferencia es que ahora se trata de un mismo clima para todos—       




2 meses después de que el Sol desapareció:


Este es el momento en el que me pregunto: y si me congelo, ¿me podrán descongelar años después? Tengo frío, tengo demasiado frío. La temperatura sigue descendiendo brutalmente. Me he visto en la necesidad de comprar mucha ropa de frío y no quitármela. De hecho, hace ya varios días que no me baño. No creo soportarlo. La mayoría de plantas han muerto, la mayoría de animales han muerto, los océanos poco a poco se van congelando y muchas personas han fallecido... yo, ahora mismo me encuentro solo...

Los creyentes se están volviendo ateos, y los ateos se están volviendo en creyentes. Mucha gente se ha desquiciado… han saqueado tiendas para proveerse de reversas para las próximas horas. Y es que ahora es así, ya no sabemos lo que sucederá en las siguientes horas. Cualquiera podría ser el siguiente. Ni los gobiernos ni los científicos han podido hacer algo para revertir esta situación que nos va matando lentamente. La pregunta del millón es, ¿por qué se apagó el Sol tan súbitamente? Digo, es de conocimiento general que la humanidad estaba acabando con la Tierra, pero… ¿el Sol? ¿cuáles fueron los motivos? ¿es que acaso el supremo hacedor nos está castigando? Creo que estoy enloqueciendo…—




1 año después de que el Sol desapareció:

Me he mudado a Islandia. No, no es un chiste. Es uno de esos países con una intensa actividad volcánica o con energía geotérmica o hidrotermal ya que la Tierra produce su propio calor, por lo que se ha vuelto en una de las pocas zonas habitables hoy por hoy. Yellowstone es otro de esos refugios, incluso he escuchado de subterráneos que se alimenten por combustible nuclear. No tengo idea, solo sé que todo aquél que haya quedado fuera de estos refugios ha muerto antes de que se haya cumplido un año sin Sol.

Fue todo un calvario llegar hasta aquí. Ciertamente sólo las personas con los suficientes recursos económicos han podido costearse viajes así. Afortunadamente (¿?) yo soy una de ellas. Hubo muchas trifulcas en los aeropuertos, varios países cayeron en anarquía, y sólo un grupo selecto de personas hemos podido sobrevivir. Pero ahora mismo, quisiera no haber sido de esas personas. Estoy sufriendo. Casi no me puedo mover, siento que me congelo… me voy quedando sin energías, siento debilidad hasta para levantarme. Siento que en cualquier momento mis dedos, mis extremidades se caerán… nos encontramos a -63°C… No me queda mucho… Ya quiero que todo acabe.

Leí que: en 3 años, se congelará toda la superficie del océano y que dentro de los siguientes 10 o 20 años, después de la extinción del ser humano obviamente, la humedad se apoderaría del planeta. El frío sería tan extremo que el aire se volvería líquido, puesto que alcanzaría el frío suficiente como para que los gases se condensen, se formarán espesas húmedas y lloverá intensamente. Estas precipitaciones constantes, con el tiempo, se volverán sólidas y no dejará de nevar. Para respirar en el exterior, tal como lo imaginó el escritor de ciencia ficción Fritz Leiber en su historia “A pail of air”, el aire condensado y congelado tendría una consistencia tal que para poder respirar necesitaríamos, por ejemplo, encender una fogata y respirar a su alrededor.


Prácticamente el planeta Tierra se convertirá en una bola de nieve en el exterior y una potente bola de fuego en el centro (en medio habría agua) que se encontrará vagando eternamente por la galaxia a unos 30km/s. Nuestro planeta sería una gran nave espacial cruzando el universo y albergando vida; ya que como hace muchos años siempre ha habido vida en las más oscuras profundidades del mar, ¿quién sabe? Criaturas que el ser humano nunca llegó a descubrir. Y vivirán gracias al calor proveniente desde el núcleo de la Tierra, el cual es lo suficientemente intenso como para derretir el agua y mantenerla en estado líquido, mientras que arriba, habrían kilómetros de agua congelada. Como hubiese deseado, que el ser humano haya logrado la manera de sobrevivir a esas profundidades años antes. Allí, diversas formas de vida continuarán como si nada, sin siquiera enterarse de que el Sol ha desaparecido… o más bien, sin enterarse de que alguna vez existió—






domingo, 6 de enero de 2019

MALDAD PURA; MALDAD SIN LÍMITES

Acompañenme a leer esta triste historia, literal:
La pasada Navidad, mientras celebrábamos afuera de mi casa con familia y amigos, vimos pasar a una perrita. Me llamó la atención porque creí que estaba lastimada de alguna de sus extremidades traseras por la forma en que corría. Pero no, luego me percaté de que algún hijo de puta (porque eso es) le había amarrado ambas patas traseras con una especie de hule. Intentamos alcanzarla para liberarla, tratando de persuadirla con comida, pero la perrita estaba sumamente asustada por todos los cohetillos, o quizá porque la estábamos persiguiendo. Seguramente le teme a los humanos, y la verdad no la culpo. Pese a ser una época para compartir y pasarla bien, me quedó esa espinita, esa frustración e impotencia por no haber podido ayudarla, pues al final huyó.

Hoy, antes de ir al gym, la volví a ver. En la misma situación... 14 putos días estando amarrada desde que la vi, y quién sabe si ya llevaba más tiempo así. De igual manera la seguimos con mi hermano, está vez se juntó más gente indignada por lo que estábamos viendo. Pero de nueva cuenta, la perrita era muy escurridiza y se notaba a km. que nos miraba con miedo, volvió a escapar.

No sé si exista gente a la que les haga gracia hacer ese tipo de cosas, pero personalmente me da mucho coraje lo desalmadas que pueden llegar a ser muchas personas o la ineptitud con la que algunos padres crían a sus hijos (y ojo con esto, pues estadísticamente muchos psicópatas maltrataban o mataban animales en su infancia). Y, claro, este caso no le llega ni a los talones a muchos otros que son mil veces peor, pero no por eso deja de ser maltrato. Rechazo, odio y repudio esta clase de comportamiento, en donde el hombre, por su condición de hombre, se aprovecha de otros seres vivos incapaces de defenderse.
Espero de verdad no volverme a encontrar a dicha perrita en esa situación, y que quien se tope con ella sea una persona de buen corazón y la ayude.

Cada día me sorprendo más de la maldad tan pura, tan innecesaria, tan despreciable y sin ningún tipo de límites que puede poseer una persona. Cada día me sorprendo más de lo retorcida y fría que puede llegar a ser la mentalidad de varias personas al derrochar maldad en un ser inocente, y de pensar que es algo gracioso. Cada día me sorprendo más de ver la incapacidad de algunas personas para poder diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. En fin, la humanidad...

jueves, 6 de diciembre de 2018

MI MIERDA

Cierto día, una amiga me mandó un video de YouTube titulado "Mi mierda", y este consistía en realizar un ejercicio de autoevaluación. Exteriorizar ese lado que nadie conoce de nosotros, y no me refiero a revelar nuestros más profundos secretos, sino más bien mostrar nuestro lado oscuro, nuestra cueva, ese lado que no mostramos o del que nunca hablamos. Es muy fácil buscarnos cualidades y aspectos positivos sobre nosotros mismos, pero es más liberador hablar de nuestra mierda, reflexionar y profundizar sobre todo lo malo que forma parte de nosotros. Porque sí, todos tenemos algo malo que forma parte de nuestra mierda. Recomiendo mucho este video y este ejercicio. En este blog seré egoísta y les hablaré exclusivamente de mí. Esta es mi mierda:

Mi mierda es que soy una persona que se piensa demasiado las cosas, tanto, que creo que he dejado pasar varias oportunidades por lo mismo. Pero no me importa, no me guardo resentimientos, simplemente hago las cosas cuando quiero y cuando me siento seguro de mi decisión. 
Mi mierda es que, a pesar de que me importa poco la opinión de los demás (físicamente hablando), soy una persona muy estricta e inconforme conmigo mismo. Me frustra no poder estar como quisiera, y es mi propia opinión la que me acompleja. 
Mi mierda es mi falsa competitividad; suelo compararme con aquellas personas que van por delante de mí en algún asunto (que considere importante), para impulsarme y eventualmente rebasarlos. Eso me hace sentir mejor y aumenta mi ego.  
Mi mierda es que soy una persona extremadamente selectiva con mis amistades y parejas. De por sí, soy una persona callada, y encima me cuesta socializar. Me cierro al momento de conocer nuevas personas, debo llegar a un grado de confianza con esa persona para poder entablar una amistad o relación. Y, por ello mismo, me considero una persona muy solitaria.
Mi mierda es guardarme mucho las cosas que realmente me afectan. Suelo aparentar que soy una persona dura, incluso insensible, que nunca llora... hasta que llega el día en que no puedo acumular más cosas, y debo sacarlo todo.
Mi mierda es actuar de una buena manera con los demás y esperar que esas personas me devuelvan ese mismo gesto, y decepcionarme al no ser así en todos los casos. Y, aún así, seguir actuando de buena manera.
Mi mierda es que suelo ser muy directo a la hora de hablar, incluso al grado de herir con palabras. Por eso, muchas veces, prefiero callarme... porque me conozco.    
Mi mierda es intentar ser humilde en ciertas ocasiones, aunque realmente es puro conformismo.
Mi mierda es mi pensamiento contradictorio y poco humilde de creer que por tener ciertas atribuciones físicas que otros no tienen, tengo más posibilidades de gustarle a una chica. Existiendo un evidente doblemoralismo, pues yo no soy alguien que se deja llevar por lo físico, sino más bien por la personalidad. 
Mi mierda es que mis convicciones y mis formas de pensar son muy diferentes a las de la mayoría, y eso me hace creer que no encajo en buena parte de la sociedad. Pero honestamente me vale.
Mi mierda es que me gusta pasar desapercibido casi siempre. 
Mi mierda es querer hacer muchas cosas y al final no hacer nada.  
Mi mierda es que me gusta ser puntual, aunque la mayoría de gente no lo sea. 
Mi mierda es que pienso firmemente que el respeto se gana. Aún, si se trata de algún familiar, si no tiene una buena actitud hacia mí o hacia mi núcleo, no tiene mi respeto, y punto.
No soy una persona a la que le caigan mal algunas personas o que tenga enemigos. Pero cuando hay alguien que de verdad no me agrada, o que tenga méritos por los cuales se haya ganado todo ese odio y desprecio (exagero, lo sé), no puedo ser hipócrita. Mi mierda es que si alguien no me agrada, no le dirijo la palabra, no me relaciono con esa persona o intento no hacerlo, y tampoco lo saludo. No soy partidario de la frase de "la educación no pelea con nadie". Si alguien me cae mal, que se note.  
Mi mierda es mi poca tolerancia que tengo hacia el drama cuando tengo pareja. Soy una persona cero celosa, soy muy seguro de lo que tengo, y por lo mismo, no me gusta que me celen. O al menos no exageradamente. Soy una persona que no funciona bajo presión, cuando de parejas hablamos. Mi orgullo me dice que sería la pareja ideal, y yo le creo.   
Mi mierda es la poca fe que tengo en la gente, en la humanidad, y que cada día me decepciono más y más, y muchas veces hasta me he llegado a sentir avergonzado de ser de la misma especie que muchas escorias. Todo lo malo que he visto, leído o escuchado sobre el ser humano, ha hecho que vea las cosas desde una perspectiva negativa, pesimista, y que difícilmente me haga cambiar de parecer.
Y esa es otra mierda, tengo mis pensamientos y formas de pensar tan bien marcados y fundados, que sólo alguien con lógicos y excelentes argumentos me puede hacer cambiar de opinión. 
Me considero una persona muy lógica, y mi mierda es querer estar siempre bien informado y estudiado sobre un determinado tema, para tener buenos argumentos y contestaciones al momento de un debate, ¿por qué? porque me gusta tener la razón. 

Me he sincerado conmigo mismo, y bueno, esta es mi mierda. Estoy seguro que dejé pasar por alto varias cosas, pero fundamentalmente creo que este es el resultado. Soy transparente, ahora me encuentro desnudo (no literalmente), expongo mi lado oscuro. Si llegaste hasta acá, te insto a que intentes lo mismo. Analízate, realiza un examen sobre ti mismo, y cuéntaselo a la persona que más confianza le guardes. Es liberador, un desahogo, si la gente ya te quería por lo bueno, ahora te seguirán queriendo aún sabiendo tu mierda. 
Así que dime, ¿cuál es tu mierda?